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Booting… Pequeña historia del origen de los videojuegos

Hoy en el Jugón nos vamos a permitir la licencia de fusilar una bella historia de otra página que nos ha encantado. Es una pequeña historia del origen de los videojuegos, contada muy al “jugón-style” que estamos seguros de que os va a enganchar.

El articulo en cuestión es original del gran Ryûnosuke y publicado en Editorial Harwin (si sale bien, harán la película), comunidad que de paso os recomendamos visitar.

Y sin mas preámbulos, vamos allá:

Booting…

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Cuando se dio cuenta de que no veía nada, creó la luz y la puso a 220 (luego los americanos hicieron lo que quisieron). Al ver lo que había creado, y después de crear seres y enseres, dijo: «Crearé unos personajes pa’ entretenerme» y en vez de crear Los Sims creó al hombre y a la mujer.

Foto minutos antes de la creación

Pronto se dio cuenta de que pasaban el día discutiendo y viendo a Jorge Javier en Telecinco (que estaba aquí antes de la creación), y decidió crear a Nolan Bushnell. Le dotó de barba, mirada simpática y unos cables y tablones, y le dijo: «Nolan… hijo mío… ahí tiés to’ lo necesario pa’ montarme algo pa’ entretenerme, que estoy harto de discusiones y tontás en la tele».

“Soy Nolan, muchacho…”

El bueno de Nolan no era tonto. Había nacido con estudios y sabía lo que tenía que hacer. Como por aquel entonces no había juegos a los que copiar ni franquicias a las que sacar una n-ésima parte, decidió poner dos palotes enfrentados por un píxel gordo y lo puso en los bares, abiertos por El Creador. El mecanismo era sencillo. Cada palo debía evitar que le colaran el píxel por su zona. No podía haber nada más divertido. Mucha gente del futuro actual dice a Nolan que copió la idea de un señor llamado Baer, a lo que él responde: «Imposible. En esa época solo estábamos El Creador, Rafa Mora, Ana Obregón… y un tal Jordi… Hurtado, creo».

PONG!Si te acercas y miras fijamente, puedes ver el código fuente

El éxito del juego fue tal, que Nolan dejó al Creador y se echó por su cuenta fundando la compañía Atari y copió el logo de la marca de camisetas WESC, al que incluyó el palote de su juego en medio.

Para la fundación de Atari, Nolan se alió con Ted Dabney, hijo de Rafa Mora y Ana Obregón, con el fin de crear una versión para televisores del juego que habían creado. Naturalmente, primero hubo que inventar la televisión, cosa que no fue difícil. Como nota curiosa cabe destacar que Nolan, en un principio, había llamado a su compañía Syzygy, pero lo cambió a Atari porque no todo el mundo conocía la letra ‘y’.

Letra ‘y’ en sus inicios

​Atari fue un éxito, y en ella puso el punto de mira Warner Communications, la misma empresa que terminaría publicando los éxitos más rotundos de David Bisbal. Y, como lo que manda es el dinero, y Nolan ya se había encaprichado de la mansión Folgers en Forocasa, vendió la compañía por 30 millones de dólares. Calderilla de la época.

Con Warner, Atari fue dueña y señora del mercado del entretenimiento casero. Pero, como siempre cuando algo tiene éxito, viene alguien a tocar los co**nes. Mattel, entre Barbie y Barbie, se puso a soldar lo que pillaban por allí y parieron Intellivision, en claro intento de lavar la imagen de la compañía por realizar en serie rubias tontas.

¿Es un mueble? ¿Es un teléfono? No.

​Si bien Intellivision no hizo ni cosquillas a la compañía creada por Nolan, fue la propia compañía la que se torpedeó por dentro. Las secciones de computadores, consolas y recreativas que formaban Atari nunca quedaban para hacer barbacoa y mucho menos colaboraban entre sí. Se creó un ambiente enrarecido y angustioso. Y, por fin, con este entorno aparecieron los títulos que más asombro crearon en toda la humanidad nunca jamás. Dicen que Steven Spielberg y José Antonio Namco se habrían removido en su tumba si hubiesen estado muertos. Pac-Man y E.T. Sí. Se quedaron tan agusto. Era poner cualquiera de los dos cartuchos en una consola Atari 2600 y saltaba el antivirus. Tu teléfono llamaba automáticamente al 112. Ramoncín llamaba a tu puerta para denunciar la copia ilegal, porque no podía creer que fuese licenciado.

“¿Tienes pollo frito… amigo…?”

A pesar de todo ello, Atari gozaba de buena salud. Eran líderes del diseño novedad. Son la musa que inspira la ambición, y sueño de libertad. Y por ello, una compañía de Japón se fijó en ella (por problemas de derechos no puede aparecer el nombre de Nintendo). Fueron duros los trámites, ya que en Atari no sabían japonés y tuvieron que negociar con pictogramas. Pero cuando todo parecía atado, Atari se dio cuenta que uno de los juegos que aparecería en su consola, ya lo hacía en la Coleco (WTF!). Esto es muy triste. Donkey Kong, en la Coleco.

¿Es un teléfono? ¿Son dos teléfonos? No.

​Los problemas crecieron en Atari y fue diseccionada en partes. Por un lado, los Arcades se los quedó Warner y, por otro, la sección de computadores personales y videojuegos, que fue a parar a Jack Tramiel, el fundador de la empresa totalmente desconocida Commodore. Jack, al que aún no ha encontrado la recauchutada motera del anuncio, lanzó la primera computadora-consola de 16 bits de la historia, la Atari ST (de Soy Tramiel). Así mismo lanzó computadores compatibles con HAL y una computadora para bolsillos grandes, la Atari Portfolio.

Atari Portafolios. No tenía letra ‘ñ’.

​Ya en 1989, Atari creó quizá la mejor consola portátil de la historia. La Atari Lynx. Pero la pifió nuevamente. Los ingenieros se entretuvieron tanto jugando a sus propios juegos, que para Navidad no la tenían preparada. Mientras tanto, en Kioto, la gente de Nintendo no estaba en las tontás y se pusieron las pilas. Transformaron un reloj Casio F15 añadiendole algún transistor y apilando en una matriz varias decenas de pantallas de cristal líquido. Esto dio lugar a la mayor creación del videojuego moderno. La Game Boy. ¡Un aplauso!

¿Por qué te fuiste?

El resto de la historia está reservado para otros grandes protagonistas, que no siendo mas importantes que Atari, merecen un escrito propio.

GAME OVER

Autor: Ryûnosuke, @iamRyunosuke
Fuente: Editorial Harwin, @EditorialHarwin

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Llega un momento, ladrones, en el que el oro pierde su brillo; el salón del trono se convierte en prisión y lo único que queda es el amor de un padre... ¡A SU HIJA!

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